Las lesiones en bailarines pueden suponer un antes y un después en sus carreras, pero lo más importante es saber que la mayor parte de las lesiones se pueden superar si cuentas con la ayuda de médicos especialistas y lo qué es más importante, con ayuda psíquica y emocional. En este post te cuento mi experiencia personal y cómo me he enfrentado a mi última lesión grave.

Si no leíste la primera parte de como me he enfrentado a esta lesión te recomiendo hacerlo, puedes acceder al post aquí: Lesiones de tobilloEn este artículo os cuento la segunda etapa de mi recuperación.

Antes de leer el post quiero que tengas en cuenta que cada lesión requiere de un tratamiento y unos ejercicios específicos, por ello siempre cuenta con un médico especialista para seguir un correcto tratamiento y una correcta recuperación.

 

Lesiones en bailarines: ¿Cómo afronté mi lesión de tobillo? | Segunda parte.

 

¿Dónde nos habíamos quedado? Ah si, en la cama reposando. Esta siguiente etapa de la lesión creo que ha sido la más complicada, y no por la rehabilitación en si o por el dolor del pie, de hecho estaba convencida de que iba a ser la mejor parte… ya sabéis, por eso de salir del sofá y volver a moverte y sentirte más cerca de volver a bailar.

Psicológicamente fue un palo darme cuenta de lo muchísimo que había perdido en mi pie izquierdo, probablemente porque durante mi periodo de reposo me habría estado convenciendo a mi misma de que sólo iban a ser tres semanas de pausa total, que no había tenido una operación… Pero lo cierto es que independientemente de cuanto tiempo hubiera esperado, el trauma causado en mi tobillo fue el suficiente, como en la mayoría de roturas parciales o totales, para dejarme en la casilla inicial. Darte cuenta de esta parte es una de las más complicadas en las lesiones en bailarines.

A todo esto hay que añadirle el miedo que esto trajo consigo… hasta ponerme un calcetín me daba miedo. En mi primera sesión de rehabilitación a penas hice grandes esfuerzos, como es normal, y aun así me bloqueé por completo… el pánico invadió cada músculo de mi cuerpo y no era capaz de realizar ningún ejercicio, no paraba de repasar mentalmente el accidente y el sonido que emitió mi tobillo aquel día. Mi entrenadora rápidamente se percató de que algo iba mal y no era ni el pie, ni dolor, ni tan si quiera el hecho de que mi musculatura adormilada no pudiera hacer los ejercicios… era mi mente, invadida por el pánico. Es importante contar con un entrenador con experiencia en lesiones en bailarines, ya que entenderá mejor tu situación tanto psíquica como física.

En un principio ni siquiera era capaz de comprender porque me sentía así, siempre me había caracterizado por ser una persona con carácter y mucha fuerza y ahora me encontraba en el medio de un gimnasio con las patillas temblando. En las lesiones en bailarines es habitual experimentar estados de pánico. Pero antes de incluso abrir la boca para decir que no podía, mi entrenadora que dijo: “Marta, hoy lo has hecho de pena pero mañana será más fácil y al día siguiente aún más así que ahora vete, desconecta tu mente y haz algo que te haga sonreír”. Sin decir palabra asentí y directa me fui al supermercado para comprar mis snacks favoritos y ver una de mis películas favoritas acurrucada con mi perrito diciéndome a mi misma que mañana sería otro día. 

Al día siguiente mi entrada en el gimnasio fue completamente diferente, no por ello peor, ahora comprendía el estado real de mi pie y de mi mente y con eso claro nos pusimos manos a la obra. Las primeras semanas consistieron en ejercicios de estabilidad, para los cuales me ayudaron múltiples máquinas que simulaban los diferentes tipos que pueden haber.

El objetivo de estos ejercicios es el de despertar la musculatura y someterla a movimientos de manera estática, es decir el tobillo está experimentando movimientos muy sutiles mientras yo estoy completamente quieta, dejando que sea la base inestable de la maquinaria la que aporte el movimiento. Lo cierto es que este tipo de trabajo (y sobretodo al inicio de una rehabilitación) puede llegar a ser bastante desesperante porque la estabilidad puede llegar a ser muy compleja y más cuando no confías en tu tobillo en absoluto. En esos momentos simplemente hay que confiar en tu entrenador y seguir positivo. Los diferentes ángulos y bases que trabajamos fueron las siguientes:

 

1. Base rígida, plana y antideslizante

Esta base colgaba de 4 cadenas agarradas a las 4 esquinas de nuestra base. Con esto imitamos el efecto de un columpio con el añadido de movimientos laterales (ya que hay dos cadenas mas que en un columpio). El objetivo es el de controlar el tobillo por completo SIN realizar ningún tipo de movimiento rotatorio, para ello es importante mantener la planta del pie completamente pegada a la base de la plataforma y no volcar el arco en ninguna dirección.

Una vez hayamos controlado un pie en la base sin que esta se mueva en absoluto, proseguiremos a hacer el mismo ejercicio pero esta vez en plié. Es posible que notéis algo de tensión en la rodilla ya que el cuerpo intenta coger fuerza de donde sea para ayudar al tobillo. 

 

2. Base rígida, plana y antideslizante

Esta vez trabajaremos con la misma plataforma, salvo que esta no está suspendida en el aire, sino que tiene como base 4 muelles relativamente fuertes (ver dibujo). La diferencia principal con el aparato de antes es que en este caso si que existe movimiento rotatorio. Esta rotación aún va a ser mínima gracias a la resistencia que nos aportan los muelles, y a medida que vayamos controlando el ejercicio iremos con ello cambiando los muelles por otros más flojos que vayan incrementando el ángulo de rotación. 

 

3. Bloque rectangular de espuma

Este ejercicio sigue centrándose en el equilibrio pero esta vez la base no es rígida, sino que se trata de un bloque hecho a base de espuma lo que le aporta una base irregular e inestable. El movimiento del tobillo en esta posición es total aunque no es extremo en ningún ángulo en concreto, además la base no tiene más de 10cm de alto lo que a mí personalmente me transmitía mucha seguridad y más confianza para ir a por todas en los ejercicios. Y es por ello que este ejercicio era de mis preferidos, porque seguía siendo un gran reto para mi tobillo pero al mismo tiempo tan seguro como para hacerlos yo sola por mi cuenta sin necesidad de supervisión de mi entrenadora.

 

4.Cinta tensada

Probablemente el ejercicio más extremo de todos los que hice durante la rehabilitación, o al menos en mi mente. Este consistía en mantener el equilibrio con una sola pierna en la cinta tensada, la cual no estaba a mucha distancia del suelo. Aguanta durante 2 minutos el equilibrio con la pierna más fuerte y después haz otro 2 minutos con la pierna lesionada, repite esta secuencia hasta 3 veces.

Mi entrenadora se colocaba justo a mi lado para en caso de perder un poco el equilibrio siempre tener su mano al alcance. Aun así, supervisión incluida, este ejercicio me aterrorizaba ya que el movimiento del tobillo era exclusivamente lateral, imitando exactamente mi torcedura. El objetivo no era el de mantener un equilibro de tres horas, ni siquiera un minuto… si no el de redirigir a la mente para enseñarla a volver a encontrar estabilidad cuando perdamos el equilibrio, por el ejemplo en un arabesque a pie plano o en un releve en punta, también de forma lateral y no solo hacia delante y hacia atrás. 

 

5. Foot roller

Después de cualquier tipo de ejercicio es necesario estirar y relajar la musculatura. En este caso haremos uso de un roller para pie cilíndrico rígido y simplemente masajearemos el arco del pie durante todo el tiempo que queramos o que creáis necesario. Recordar el masajear los laterales del arco del pie, para ello simplemente dobla la rodilla y muévela de derecha a izquierda para asegurarnos de estar masajeando todo el arco. 

 

6. Cliniband: posiciónate

Mirando contra la pared como si fueras a estirar los gemelos y el Aquiles. Con las manos apoyadas en la pared separa la pierna ESTIRADA con la que vayas a trabajar primero de manera que cuando esta se doble la rodilla toque justo la pared. No la alejes más de lo necesario ya que el límite de tu Aquiles previo a la lesión probablemente fuera mayor que el que tienes ahora, y no queremos poner demasiado estrés en la musculatura todavía. La clave es ir poco a poco.

¡Pues esta fue mi rutina durante dos semanas!, acompañada claro esta de sesiones diarias de fisioterapia. Y aunque mi motivación estaba por los suelos al darme cuenta de mi estado físico, al menos sabía que ya estaba encaminada, que había abandonado el sofá y que mi vuelta al estudio de baile aunque lejana estaba más cercana que ayer. 

 

Quiero seguir leyendo más consejos y recomendaciones sobre ballet y fitness.

 

Espero que este post haya sido de tu utilidad, puedes puntuarlo más abajo.

¿Te ha gustado el post?
Gracias

Pin It on Pinterest